sábado, 9 de noviembre de 2013

Luc Montagnier en Lourdes, o un ciego que guía a otro ciego

A través de sus medios de propaganda, la Iglesia Católica continúa su difusión autocomplaciente de testimonios que parezcan apoyar la creencia en los milagros, que no por pueril deja de ser muy rendidora tanto en términos culturales y simbólicos como económicos. Dice InfoCatólica:
LA VERDAD ES IRREFUTABLE

Descubrió el virus del SIDA, recibió el Nobel, es agnóstico y dice: Lourdes es «algo inexplicable»

El destacado bacteriólogo Luc Montagnier no ha podido quedar impávido ni ajeno a las evidencias explícitas, inexplicables para el científico, que ocurren en Lourdes. Un científico agnóstico que hablando sobre las propiedades del agua sorprenda al señalar «el agua tiene propiedades extraordinarias, tal vez también la de Lourdes», no pasó desapercibido. En 1983 revolucionó al mundo científico por ser uno de los descubridores del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) causante del SIDA. Por ello, en 2008 fue galardonado con el premio Nobel de Medicina y el Príncipe de Asturias.
Para el público en general es razonable suponer que un Premio Nobel sabe de qué está hablando. Para quienes le hemos dedicado algo de tiempo al pensamiento escéptico, Luc Montagnier es al menos tan conocido por sus indiscutibles logros científicos como por haber sido uno más de los afligidos por la “enfermedad de los Nobel”: la tendencia de los ganadores de altos honores científicos a salir disparados por la tangente de la pseudociencia y el charlatanismo.

Un Premio Nobel en Fisiología o Medicina no hace a su acreedor inmune al error ni a la crítica de sus colegas. Los colegas de Montagnier, en general, salieron muy contrariados de la conferencia en la que, en 2010, éste presentó un supuesto nuevo método para detectar infecciones virales con mecanismos que recordaban el uso de diluciones homeopáticas. La homeopatía es, por supuesto, una pseudomedicina: es una forma moderna de magia simpática y no sirve absolutamente para nada excepto engrosar los bolsillos de los que venden globulitos de agua y pastillas inertes al precio de medicamentos. Montagnier ya había creado revuelo dos años antes, cuando publicó en una revista científica que él mismo co-presidía un estudio suyo (la base de su “método”) según el cual había detectado señales eléctricas producidas por el ADN de bacterias en una solución acuosa. (El ADN no sólo no emite ondas electromagnéticas sino que la solución ya no era más que agua.)

Entonces, que Montagnier diga que el agua de Lourdes tiene “propiedades extraordinarias” es bastante esperable, todavía más cuanto el buen doctor participó en 2012 en un simposio organizado por los vendedores de milagros de Lourdes y ha encontrado en los creyentes una audiencia dispuesta a alabarlo por su “investigación” (especulación) “independiente” (sin confirmación independiente) de las aguas de la gruta. Poco le debería gustar a Montagnier, pero nada ha dicho si así es, que sus hallazgos sean asociados con los infames experimentos sobre la “memoria del agua” de Jacques Benveniste (el que murió reclamando un Nobel y autoproclamándose un nuevo Galileo) y con las ridículas divagaciones nuevaerianas de Masaru Emoto.

Lejos están los tiempos en que la Iglesia, confiada en su hegemonía intelectual, despreciaba abiertamente la ciencia y condenaba a los descreídos: hoy un científico notable y agnóstico que preste apoyo al show milagroso, como Montagnier, es apreciado y exhibido como un ejemplo de cómo la fe triunfa sobre las mentes racionales.

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